http://www.youtube.com/watch?v=pxLox77wnOE&feature=related
http://www.youtube.com/watch?v=bjmKEmftdj0
viernes, 27 de noviembre de 2009
personaje destacado

En 1940, en tiempos de don Pedro Aguirre Cerda, un joven Qaweshqar de Puerto Edén, de unos diez años de edad y muy inteligente, fue llevado a estudiar primero al Colegio Salesiano de Punta Arenas y luego ingresó a la escuela de Especialidades de la Fach. La idea era civilizarlo y luego devolverlo a su lugar de origen para que ayudara al progreso de su comunidad. Este personaje recibió el nombre de Lautaro Edén Wellington
Cuando retornó a Puerto Edén motivó a sus hermanos de raza y los entrenó militarmente, haciéndolos trabajar para mejorar sus condiciones de vida. Después de una corta estadía de un mes regresó a Santiago y permaneció dos años más en la capital, allí se casó con una enfermera chilena y, en 1949, regresó solo a su tierra natal.
En Puerto Edén se incorporó como subalterno a la Radio Estación que pertenecía a la Aviación y estaba a cargo de don Carlos Gaymer Gomez.
“Un día sucedió lo insólito: Lautaro desapareció en compañía de una mujer de su pueblo. Se había fugado de la civilización en una canoa para regresar a la vida nómade. Detrás de él se fueron los Qaweshqar y, bajo su dirección instalaron una nueva comunidad indígena en San Pedro. Allí se dedicaron a la caza de lobos y nutrias y a la venta de pieles finas.”
Durante tres años los Qaweshqar regresaron a su antigua vida de cazadores nómades organizados y con un jefe.
A comienzos de 1953 Lautaro junto a otros Qaweshqar, se ahogó en Puerto Calatur, en el estuario del río Baker. Fue una desgracia para este pueblo. Los integrantes de este grupo, tras este hecho, regresaron a Puerto Edén.
canto Qaweshqar
De acuerdo a su función o -caracterizada por el empleo de un texto poético o tema característico, aunque no necesariamente por una melodía común-, es posible clasificar las canciones Qaweshqar en tres grupos:
1-“Canciones comunicativas afectivas, que expresan sentimientos humanos. Ellas incluyen cinco canciones-tipo: de amor, de cuna, y de regocijo o alegría, constituyendo el grupo reciente y actual más numeroso debido a la gran cantidad de versiones.
2-Canciones imitativas, cuyas variedades de antaño incluían numerosas imitaciones de animales y pájaros (zoomórficas) e imitaciones de acciones humanas y objetos materiales. En el presente, ellas se reducen a sólo tres canciones-tipo: del lobo fino, de los patos liles y del lobo toruno.
3-Canciones lúdicas o juegos cantados, consistentes en cuatro canciones tipo: jugando con el mar del repertorio de 1959; y jugando redondo, columpio y haciendo fuego del repertorio de 1971. En cada uno de estos tres grupos destaca una de sus canciones-tipo por su mayor vigencia, funcionalidad y abundancia de versiones. Ellas son, respectivamente, las canciones de amor, del lobo fino y jugando redondo, todas las cuales están representadas abundantemente en los repertorio de 1959 y 1971. No obstante, las canciones-tipo restantes experimentan en la actualidad una notable disminución de su vigencia, funcionalidad y energía creativa originales. Como resultado del dramático cambio cultural, desintegración y disminución numérica del grupo étnico, se ha producido un debilitamiento generalizado de las expresiones musicales tradicionales.”
1-“Canciones comunicativas afectivas, que expresan sentimientos humanos. Ellas incluyen cinco canciones-tipo: de amor, de cuna, y de regocijo o alegría, constituyendo el grupo reciente y actual más numeroso debido a la gran cantidad de versiones.
2-Canciones imitativas, cuyas variedades de antaño incluían numerosas imitaciones de animales y pájaros (zoomórficas) e imitaciones de acciones humanas y objetos materiales. En el presente, ellas se reducen a sólo tres canciones-tipo: del lobo fino, de los patos liles y del lobo toruno.
3-Canciones lúdicas o juegos cantados, consistentes en cuatro canciones tipo: jugando con el mar del repertorio de 1959; y jugando redondo, columpio y haciendo fuego del repertorio de 1971. En cada uno de estos tres grupos destaca una de sus canciones-tipo por su mayor vigencia, funcionalidad y abundancia de versiones. Ellas son, respectivamente, las canciones de amor, del lobo fino y jugando redondo, todas las cuales están representadas abundantemente en los repertorio de 1959 y 1971. No obstante, las canciones-tipo restantes experimentan en la actualidad una notable disminución de su vigencia, funcionalidad y energía creativa originales. Como resultado del dramático cambio cultural, desintegración y disminución numérica del grupo étnico, se ha producido un debilitamiento generalizado de las expresiones musicales tradicionales.”
crencias mitico-religiosas

En lo que se refiere a otro aspecto fundamental en la cultura Qaweshqar, como el de sus ideas mítico-religiosas, a sido modificada debido a los informantes más tempranos, ha impedido a la posterioridad tener una visión apropiada acerca de lo que debió ser su mundo espiritual.
Sin embargo del conocimiento de algunos vestigios, más bien fragmentos que permiten aproximarse a lo que fuera la realidad mítico-religiosa del pueblo Qaweshqar, surge desde un principio la discordancia en lo que se refiere a la existencia de una divinidad suprema. “Según algunos etnólogos de comienzos del siglo XX, estos aborígenes tenían la noción de un ser todopoderoso, que era anterior a todo lo existente, a quien nombraban Xólas, quien era el creador de todas las expresiones vitales e inertes de la naturaleza, acción generatriz sobre la que los informantes históricos carecían de detalles” . Este ser supremo también era el creador de las leyes naturales que regían la conducta de los humanos del mundo natural. Habitante del firmamento, se hallaba permanentemente ocupado en el acontecer terrenal. “Lo imaginaban como un ser gigantesco que viajaba de día y de noche en una gran canoa, por ríos y mares, pero que también podía deslizarse silenciosamente sobre las copas de los arboles, y que en su deambular eterno solía llevarse a los hombres que encontraba distraídos u ociosos. Se le temía, por consecuencia, y había preocupación por no encontrarse con el, sin embargo de lo cual se invocaba su amparo en caso de peligro extremo” .
Con el compartía, en el nivel superior religioso, otro espíritu pero maligno, siempre alerta y activo, omnipresente. Este era denominado como “Ayayema”, genio perverso, señor de la naturaleza, empeñado de perturbar sin descanso la vida de los humanos. En el reducido grupo de deidades Qaweshqar era, lejos, la figura predominante; habitaba durante el día en pantanos y turbales, y en la noche rondaba en la espesura de los bosques junto a las costas. Dueño del viento, lo manejaba a su antojo, desatando las tempestades que castigaban y hundían las canoas. Se complacía de atemorizar a los indios mientras estos se encontraban en sus toldos; para ello merodeaba aguardando a que se vencieran al sueño. Cuando así sucedía se adueñaba del fuego, hacia crepitar las brasas y las lanzaba contras los cuerpos dormidos para mortificarlos con las quemaduras, o bien alargaba las llamas hacia arriba para quemar la choza. “Se tenía la creencia de que este ser olía a podredumbre, lo cual les hacia tener una sensación de que “Ayayema” se encontraba cerca de su campamento” .
Era claro que el conjunto de creencias míticas era el resultado anímico del influjo milenario de una naturaleza siempre airada que abrumaba a los hombres. Una expresión acumulada a lo largo de incontables generaciones de canoeros melancólicos, agobiados por la existencia en un ambiente habitualmente inclemente y tenebroso, donde las fuerzas naturales se desplegaban enloquecidas. Ese país de pesadilla solo podía ser guiado por los genios maléficos que no daban tregua a su perturbador afán.
Además de esta serie de creencias, los Qaweshqar realizaban una serie de rituales y ceremonias, personales y sociales a los que debía adherirse la comunidad. “Habían ceremonias para celebrar diversos acontecimientos del suceder cotidiano, siendo por cierto el más importante el “Kálakai”, para la iniciación de los jóvenes, varones y hembras, y el “Yinchihaua”, ritual de carácter secreto y particular trascendencia, reservado a quienes hubiesen participado en el “Kálakai” a lo menos en dos ocasiones.”
La varadura de una ballena, era un suceso que podía congregar a gran cantidad de estos indígenas, y serbia de suficiente justificación para la ocurrencia de un acto tan relevante para la vida espiritual del pueblo Qaweshqar, pues por una parte se aseguraba la concurrencia necesaria de varones y el sustento alimentario del grupo durante el tiempo que duraba el ceremonial. Así, parte de los congregados se encargaba de desbrozar el terreno, seleccionar y preparar los materiales, y finalmente levantar la gran cabaña “Tchelo Ayayema”, que abría de servir de sede para los actos rituales, en tanto que otros se ocupaban del aprovisionamiento de alimentos para las familias que se iban instalando en la vecindad con sus propios toldos, con lo que el paraje cobraba una animación inusual. Todo era dirigido por un anciano con experiencia, para lo cual los demás se ponían espontáneamente a sus órdenes.
Una labor exclusivamente a cargo de los hombres y que se realizaba en medio de una gran privacidad, era la preparación de las mascaras que abrían de emplearse en el proceso ritual. Para eso “se utilizaban cortezas apropiadas que permitían fabricar unas formas tubulares simples, de tamaño suficiente como para introducir la cabeza en ellas. También se utilizaba plumaje y pellejo de aves marinas con idéntico objetivo, las que se desplegaban a manera de abanicos.” Aparte de mascaras y plumas, los actores llamados a participar en el ritual se decoraban caras y cuerpo con pinturas, predominando en ello el color blanco. El objetivo central del Yinchihaua era informar a los iniciados sobre los orígenes de la sociedad Qaweshqar y del porque de las normas de comportamiento de hombres y mujeres. Su explicación se basaba en el rico acervo mítico indígena, donde destacaba la superación del matriarcado, figurado en la oposición inicial entre el hombre sol y la mujer luna, y los acontecimientos que se dieron en consecuencia hasta el triunfo completo de los hombres y la sujeción permanente de las mujeres.
La ceremonia propiamente tal se iniciaba cuando todo el protocolo ya estaba preparado. Cumplido los ritos iniciales, se buscaba atemorizar a las mujeres y asegurar el suministro de carne mediante lo que se creía, la intervención de los espíritus benéficos. Los espíritus que hacían su aparición en este ritual eran Chiliku, ser poderoso, maligno y violento, suerte de “alter ego” perverso de Ayayema. Luego Yayipa engendro femenino airado. Kalasilis, era otro ser que atemorizaba al grupo con sus bramidos. El ritual concluía varias semanas después de repetidas presentaciones y una vez que todos los jóvenes hubieran aprendido las destrezas y enseñanzas que serian de vital importancia a lo largo de su vida.
concepción sobre el territorio
Como siempre deambulaban en su ancho, largo y heterogéneo territorio, es extraño suponer que estos indígenas tuvieran una mínima noción de un concepto de territoriedad. Debido a que siempre se establecían en lugares diferentes dentro de su territorio, se cree que habrían surgido en esta etnia, ciertas diferencias dialécticas y particulares culturales que algunos observadores advertirían más tarde, especialmente a partir del siglo XX. Según algunos estudios arqueológicos existen zonas o aéreas de mayor concentración de población, lo que debiera interpretarse como un lugar habitual de recurrencia de paso. “Algunas de estas áreas o zonas serian las islas Guayanecos, los archipiélagos de Madre de Dios y el de Reina Adelaida, incluyendo en este caso el canal Smyth y las costas fueguinas, e incluso pudieron sobrepasar hacia el nororiente la frontera definida por las islas Isabel, Marta, Magdalena y Contramaestre, llegando en incursiones ocasionales hasta sectores del litoral nororiental del gran canal Magallánico, como parece sugerido el hallazgo de enigmáticos litos discoidales escotados, más propios de una cultura de pescadores que de los cazadores de tierras adentro, y una de las tumbas encontradas en la región de Magallanes, se asemeja más a los hábitos comunes de una banda canoera”
divición del trabajo, la caza y la pesca

La división del trabajo en este grupo étnico era bastante igualitaria entre hombres y mujeres, incluso algunos etnógrafos hacen referencia a un trabajo común y compartido entre los dos sexos. En cualquier caso, al hombre le correspondía la confección de la canoa y el toldo, las armas y las herramientas, y el suministro de alimentos por medio de la caza y la pesca. La mujer asumía el trabajo artesanal del tejido de cestas, confección de redes, preparación de pieles, del mismo modo que era la responsable de la extracción de los mariscos, por lo que se podría mencionar como una nadadora consumada, y en la recolección de otros productos naturales, además de la preparación de otros alimentos.
La caza y la pesca se realizaban tanto en la navegación como en tierra, principalmente mediante el uso del arpón. Para la casería del huemul, animal que abundaba en algunos lugares del extenso territorio indígena. Los Qaweshqar conociendo las ventajas de su terreno natural, se daban maña para conseguir que el animal quedara acorralado en la orilla de la costa y acabara echándose al mar en donde era fácil presa para los arpones. Juntándose varias embarcaciones, los más valerosos se atrevían a atacar a las ballenas, a las que hostigaban y herían hasta conseguir que se desangraran y se vararan en alguna playa. “La captura o hallazgo de un cetáceo se avisaba a otros indígenas mediante fogatas y humos, lo que hacía del suceso un motivo de animada reunión social, que no tenia fin si no asta la extracción de todo lo aprovechable del animal. La caza de los lobos marinos era otra causa de convocatoria para los indígenas, cuando se trataba de actuar sobre las parideras, lo que hacía de esta casería una actividad excepcional pues por lo común tenia ocurrencia luego de la aparición de las hembras. Se reunían de tal manera numerosas canoas hacia los grupos de lobos marinos, ubicados en requeríos del frente litoral oceánico y allí hacían matanza en conjunto” . Lo mismo que ocurría en el caso de la ballena, la caza de lobos serbia de ocasión para una reunión mayor de Qaweshqar inclusive aprovechaban para realizar sus ritos de carácter ceremonial.
Para la pesca menor se utilizaba el arpón, y en el caso de peces de mayor tamaño “se implementaban la red y los corrales de piedra que se construían como barreras en las playas de cantos y arena, de modo que en la bajamar quedaran encerrados los peces en posones de aguas someras o en seco, permitiendo su captura a mano”
viviendas


Como se ha explicado ya la navegación era así la respuesta para un requerimiento esencial de su existencia nómada, técnica que dominaban con gran maestría, empleando unas embarcaciones precarias y frágiles, pero a la vez demasiado eficaces para su objetivo.
La canoa que ellos denominaban como “hallef” era la pieza más importante y apreciada para este grupo de individuos. Esta, en la época de que se trata, “era fabricada con corteza de fagáceas, preferentemente de coigue. Para este efecto se elegía un árbol de buen tamaño y con fuste apropiado, se cortaba la corteza del tronco en forma anular, en dos partes de acuerdo con la longitud requerida y posible, y luego se hacia una incisión vertical que las unía, tras lo cual se desprendía cuidadosamente la corteza para evitar que se rasgara. El trozo así extraído era acondicionamiento, aplanándose para hacerlo manejado.
Si su tamaño y estado lo permitían, se recurvaba en los extremos para obtener la ulterior forma de la embarcación” . Todo esto nos demuestra la extraordinaria capacidad de los Qaweshqar para realizar la construcción de sus embarcaciones, y lo más importante aún, solo la confeccionaban con materiales naturales, hecho que en nuestra época sería prácticamente imposible para una embarcación de esa envergadura. Además como plantea otro autor, “Se le entregaba la rigidez y solides al está, por razón de dos largas varas unidas por sus extremos, que hacían las bordas cosidas a la corteza, y varillas arqueadas colocadas una junto a otra de mayor a menor, a modo de cuadernas para dar la necesaria cobertura al casco” . Hay que mencionar además que todas estas costuras se calafatean con hierbas musgos y barro.
La embarcación, una vez concluida, se parecía a un luna creciente, curva y puntiaguda. Para poder navegarla en el mar, se le confeccionaban un par de remos pequeños.
La canoa tenía una longitud variable que podía alcanzar hasta 8 o 9 metros, sobre la que podía acomodarse una familia completa, entrando al interior de ella un número de hasta doce personas. Además iban dentro de ella los perros acompañantes y algunas de sus principales indumentarias. Esta se componía de armas, útiles, cestos y objetos de uso cotidiano, además de los cueros destinados a la cobertura del toldo. En el centro de la embarcación se mantenía encendido un pequeño fuego durante la navegación, destinado a la cocción de alimentos, para brindar algún precario calor, principalmente que ayudase a la temperatura de los cuerpos de los niños más pequeños.
La canoa no solo era un medio de transporte, sino también una verdadera vivienda flotante, pues en ella los Qaweshqar pasaban casi todo su tiempo. Aunque debemos mencionar además que no todo era navegar, pues con el gran conocimiento geográfico acumulado a través de generaciones, los indígenas empleaban los istmos terrestres como atajos, para arrastrar o llevar en peso a través de los mismos sus embarcaciones, evitando trayectos innecesarios que prolongaban en demasía la navegación.
Cuando decidían establecerse en tierra fieme su habitación era un toldo denominado “tchelo” que se levantaba en un sector o lugar equipado de agua dulce, siempre junto a una bahía abrigada. “Tenía forma cupular, como una planta circular o ligeramente elíptica. En cuanto a su estructura se podría decir que era bastante sencilla; unas cuantas varas distribuidas regularmente en el perímetro y que se enterraban por la parte más gruesa, y que luego eran curvadas hasta unirse entre sí por sus otros extremos” . Sobre esta armazón se colocaban cueros de diferentes animales entre las que destacan las de lobos. También se utilizaban para cubrir estas, cortezas y ramas si faltaba, dejándose una pequeña entrada por el lado más protegido. “En la cúpula superior se dejaba una abertura para la salida del humo. Una vez realizada toda la construcción quedaba establecida una vivienda de unos cuatro metros de diámetro y dos de altura en la parte central, donde entraba una familia completa” . Al igual que en su canoa encendían un fuego en el centro de esta vivienda y a su alrededor se distribuían toda la familia sobre un piso de ramas pequeñas y musgo, y también algunas pieles que daban cierta comodidad y cuya característica principal era aislarlos de la humedad del suelo. La estructura no se desarmaba, únicamente de tanto en tanto se remplazaba alguna rama podrida o rota.
Estos paraderos, que solamente eran transitorios, admitían una cierta jerarquización de importancia. Por ejemplo se hacían solo algunos para la ocupación eventual, simples albergues de paso, que variaban según la calidad y recursos del lugar de emplazamiento. Pero también habían otros que se dotaban para grupos de familias distintas, que incluían un mayor número de toldos y distintos equipamientos. Cuando la ocasión se prestaba, en ellos se erigían las construcciones de carácter ceremonial a las que se hablara mas adelante, entre ellas una gran cabaña destinada al alojamiento de muchas personas, choza que solía tener cuatro entradas y dos fuegos centrales.
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