viernes, 27 de noviembre de 2009

Vestimenta


Su vestimenta, si hay que nombrar una capa como tal, ni siquiera era la elemental que necesitaría cualquier ser humano actual para vivir en una región con las condiciones ya señaladas. “Los Qaweshqar vivían de echo desnudos en toda estación, aun con el tiempo más crudo, usando como prenda de abrigo una capa de piel de lobo, huemul, nutria o copio y quizás de guanaco, si es que podían procurársela. Generalmente corta, que cubría la espalda y que se llevaba atada al cuello” .

Para muchos de nosotros este tipo de vestimenta resultaría incompleta para un clima como el antes mencionado, pero debemos integrarnos en su contexto histórico y entender que su capacidad de resistencia al frio no se debía a que nacían con esta, sino mas bien, que era la normal adaptación que pueden tener los seres humanos, dependiendo del lugar en donde se desarrollen para un medio natural, como es el los archipiélagos. En todo sentido hay que mencionar un factor elemental en cuanto a esta desnudes, y es el hecho de que les resultaba más cómodo andar desnudos, tomando en cuenta que su ambiente tenía agua por todos lados, lo que hacía inútil toda forma de vestido. Así, además de su resistencia corporal, lo que al parecer deriva de un metabolismo más elevado, lo que significaba tener temperaturas internas más altas y, consecuentemente, una mejor defensa contra el frio.

Otro hecho que los hacía inherentes al frio, era que se cubrían el cuerpo completo con grasa de lobo, lo que les brindaba una protección epidérmica adicional, de carácter aislante, sobre la cual el agua resbalaba evitando el frio que produce la transpiración.

Las capas de piel eran prácticamente su única vestimenta. “Habían dos tipos de capas: una rígida de piel de foca, de una sola pieza, y otra más suelta y envolvente, elaborada con varias pieles cosidas” . “Únicamente un tocado de plumas, a modo de sombrero confeccionado con alas de aves, complementaba en los varones tan exiguo atuendo, el que al parecer tampoco era de uso común. Si en cambio lo era la pintura facial y la corporal (no protectora si no ornamental), de preferencia en colores blanco y rojo, usualmente esta ultima coloración, que debía tener un sentido ritual tradicional, pues la empleaban también en sus armas, ajuares funerarios y en sus cadáveres” .

La navegación era así la respuesta para un requerimiento esencial de su existencia nómada, técnica que dominada con maestría incomparable, empleando unas embarcaciones precarias y frágiles, pero eficaces para su objetivo.

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