

Como se ha explicado ya la navegación era así la respuesta para un requerimiento esencial de su existencia nómada, técnica que dominaban con gran maestría, empleando unas embarcaciones precarias y frágiles, pero a la vez demasiado eficaces para su objetivo.
La canoa que ellos denominaban como “hallef” era la pieza más importante y apreciada para este grupo de individuos. Esta, en la época de que se trata, “era fabricada con corteza de fagáceas, preferentemente de coigue. Para este efecto se elegía un árbol de buen tamaño y con fuste apropiado, se cortaba la corteza del tronco en forma anular, en dos partes de acuerdo con la longitud requerida y posible, y luego se hacia una incisión vertical que las unía, tras lo cual se desprendía cuidadosamente la corteza para evitar que se rasgara. El trozo así extraído era acondicionamiento, aplanándose para hacerlo manejado.
Si su tamaño y estado lo permitían, se recurvaba en los extremos para obtener la ulterior forma de la embarcación” . Todo esto nos demuestra la extraordinaria capacidad de los Qaweshqar para realizar la construcción de sus embarcaciones, y lo más importante aún, solo la confeccionaban con materiales naturales, hecho que en nuestra época sería prácticamente imposible para una embarcación de esa envergadura. Además como plantea otro autor, “Se le entregaba la rigidez y solides al está, por razón de dos largas varas unidas por sus extremos, que hacían las bordas cosidas a la corteza, y varillas arqueadas colocadas una junto a otra de mayor a menor, a modo de cuadernas para dar la necesaria cobertura al casco” . Hay que mencionar además que todas estas costuras se calafatean con hierbas musgos y barro.
La embarcación, una vez concluida, se parecía a un luna creciente, curva y puntiaguda. Para poder navegarla en el mar, se le confeccionaban un par de remos pequeños.
La canoa tenía una longitud variable que podía alcanzar hasta 8 o 9 metros, sobre la que podía acomodarse una familia completa, entrando al interior de ella un número de hasta doce personas. Además iban dentro de ella los perros acompañantes y algunas de sus principales indumentarias. Esta se componía de armas, útiles, cestos y objetos de uso cotidiano, además de los cueros destinados a la cobertura del toldo. En el centro de la embarcación se mantenía encendido un pequeño fuego durante la navegación, destinado a la cocción de alimentos, para brindar algún precario calor, principalmente que ayudase a la temperatura de los cuerpos de los niños más pequeños.
La canoa no solo era un medio de transporte, sino también una verdadera vivienda flotante, pues en ella los Qaweshqar pasaban casi todo su tiempo. Aunque debemos mencionar además que no todo era navegar, pues con el gran conocimiento geográfico acumulado a través de generaciones, los indígenas empleaban los istmos terrestres como atajos, para arrastrar o llevar en peso a través de los mismos sus embarcaciones, evitando trayectos innecesarios que prolongaban en demasía la navegación.
Cuando decidían establecerse en tierra fieme su habitación era un toldo denominado “tchelo” que se levantaba en un sector o lugar equipado de agua dulce, siempre junto a una bahía abrigada. “Tenía forma cupular, como una planta circular o ligeramente elíptica. En cuanto a su estructura se podría decir que era bastante sencilla; unas cuantas varas distribuidas regularmente en el perímetro y que se enterraban por la parte más gruesa, y que luego eran curvadas hasta unirse entre sí por sus otros extremos” . Sobre esta armazón se colocaban cueros de diferentes animales entre las que destacan las de lobos. También se utilizaban para cubrir estas, cortezas y ramas si faltaba, dejándose una pequeña entrada por el lado más protegido. “En la cúpula superior se dejaba una abertura para la salida del humo. Una vez realizada toda la construcción quedaba establecida una vivienda de unos cuatro metros de diámetro y dos de altura en la parte central, donde entraba una familia completa” . Al igual que en su canoa encendían un fuego en el centro de esta vivienda y a su alrededor se distribuían toda la familia sobre un piso de ramas pequeñas y musgo, y también algunas pieles que daban cierta comodidad y cuya característica principal era aislarlos de la humedad del suelo. La estructura no se desarmaba, únicamente de tanto en tanto se remplazaba alguna rama podrida o rota.
Estos paraderos, que solamente eran transitorios, admitían una cierta jerarquización de importancia. Por ejemplo se hacían solo algunos para la ocupación eventual, simples albergues de paso, que variaban según la calidad y recursos del lugar de emplazamiento. Pero también habían otros que se dotaban para grupos de familias distintas, que incluían un mayor número de toldos y distintos equipamientos. Cuando la ocasión se prestaba, en ellos se erigían las construcciones de carácter ceremonial a las que se hablara mas adelante, entre ellas una gran cabaña destinada al alojamiento de muchas personas, choza que solía tener cuatro entradas y dos fuegos centrales.
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